Esmeraldas salda una deuda histórica con su niñez. Inicio la construcción del nuevo parque infantil

El alcalde Vicko Villacís convirtió una deuda histórica en acción concreta al iniciar la reconstrucción del Parque Infantil Roberto Luis Cervantes, una obra ejecutada con responsabilidad financiera y sentido social.

Mucho antes de que los obreros ingresaran al terreno, el Parque Infantil Roberto Luis Cervantes ya existía en la memoria colectiva como una ausencia. No como un lugar vivo, sino como una carencia normalizada. Durante años, el parque y la ciudad compartieron el mismo destino: el estancamiento. Juegos obsoletos, estructuras vencidas y espacios sin mantenimiento reflejaban una Esmeraldas que no avanzaba, donde el tiempo parecía detenido tanto para el parque como para quienes crecían sin un sitio digno para jugar.

En cada época electoral, el parque aparecía brevemente en el discurso público y volvía a desaparecer en la práctica. Las familias se acostumbraron a no esperar nada. Padres y madres optaron por no llevar a sus hijos; docentes y dirigentes barriales insistieron sin respuesta. El problema no era solo la falta de infraestructura, sino la falta de una visión urbana que entienda el espacio público como una inversión social.

Ese escenario empezó a cambiar con la llegada del alcalde Vicko Villacís, cuando el parque dejó de ser visto como un gasto y pasó a ser entendido como una pieza estratégica de ciudad. Desde el inicio de su administración, la regeneración urbana no se planteó como maquillaje, sino como una intervención profunda, planificada y sostenible. El parque infantil entró entonces en una hoja de ruta clara: rescatarlo, rediseñarlo y devolverlo a la ciudadanía con una lógica completamente distinta.

El lunes 9 de febrero, el inicio de los trabajos fue silencioso pero contundente. La remoción de antiguas estructuras marcó el primer acto de una transformación largamente postergada. No fue un acto simbólico; fue la ejecución de una decisión política respaldada por gestión técnica y financiera. En un contexto de restricciones económicas, la administración municipal logró estructurar el proyecto y asegurar USD 990.000 para su ejecución sin recurrir al endeudamiento, una señal clara de orden administrativo y planificación responsable.

Esta obra no nace de la improvisación. El diseño responde al crecimiento urbano de Esmeraldas y a la necesidad de que un parque infantil sea mucho más que un conjunto de juegos. Aquí, la niñez es el eje, pero la familia es el corazón del proyecto. Los espacios están pensados para que los más pequeños desarrollen habilidades motoras y cognitivas en entornos seguros, mientras que los niños mayores encuentran retos físicos y dinámicas de interacción que fortalecen su autonomía y convivencia.

El parque también dialoga con otras generaciones. Los espacios biosaludables permiten que adultos y personas mayores integren la actividad física a su rutina diaria, promoviendo salud y permanencia en el espacio público. El deporte, lejos de ser un complemento, se convierte en un articulador social: canchas de arena que fomentan la recreación abierta, una cancha de ecuavóley que reconoce la identidad deportiva local y un coliseo cubierto que garantiza uso continuo y ordenado del espacio.

La incorporación de una pileta interactiva con música transforma la experiencia del parque en algo sensorial y educativo, un punto donde el juego se combina con estímulos que despiertan curiosidad, alegría y apropiación del lugar. Las baterías sanitarias modernas completan un enfoque funcional que prioriza dignidad y accesibilidad.

Para Carmen Preciado, abuela que cuida a sus nietos mientras sus padres trabajan, el cambio es profundo. “Antes este lugar no invitaba a quedarse. Hoy uno siente que por fin se pensó en los niños y en quienes los acompañamos”, dijo al observar el inicio de las obras.

Ángel Caicedo, joven deportista del sector, ve en el proyecto una oportunidad distinta. “Un parque así aleja a los chicos de la calle. Aquí no solo se juega, se aprende a convivir. Eso es prevención”, afirmó.

Desde otra mirada, Rosa Delgado, dirigente barrial, subraya el valor de la gestión. “Esta obra demuestra que cuando hay planificación y voluntad, los proyectos salen. No es discurso, es ejecución”.

La reconstrucción del Parque Infantil Roberto Luis Cervantes es, en esencia, una apuesta a largo plazo. Es reconocer que la ciudad que se construye hoy define la sociedad del mañana. La administración del alcalde Vicko Villacís coloca a la infancia y a la familia en el centro de la planificación urbana, sin comprometer la estabilidad financiera del Municipio, por eso cada obra que ejecuta su administración es pagada.

Esmeraldas no solo está levantando un parque. Está recuperando un espacio que durante años simbolizó el abandono y transformándolo en un punto de encuentro, identidad y futuro. Y esta vez, la transformación no se anuncia: se ejecuta.

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